viernes 20 de octubre de 2006

AVISO AL NAVEGANTE

Si por el motivo que sea tienes acceso a este blog, no lo juzgues como el reflejo de alguien que trata de engordar su ego al colgar su experiencia en internet. Este blog no persigue ningún afán exhibicionista - créeme, no me produce ningún placer el exponer mis vivencias ante un público anónimo - sino dar a conocer los proyectos que describe y alentar al que lo lea a apoyar su causa.

domingo 15 de octubre de 2006

Desde Lima

De nuevo en la ciudad de la garúa, aquí donde todo siempre parece empezar y acabar. La despedida anoche no fue tan triste como me la había imaginado, en gran parte debido al ambiente festivo que se respiraba con motivo del cumpleaños de Sabina. Los niños hicieron un pase de modelos y luego estuvimos bailando toda la tarde hasta que llegó la hora de la cena y de mi marcha. Pero no por ello la despedida dejó de ser emotiva. El momento y lugar fueron, ahora que lo medito, perfectos. A la atmósfera de fiesta y alegría se le añadía el hecho de que allí se encontraban todos presentes: los niños, las señoritas y demás voluntarios de la casa hogar por un lado y Willy y sus chicos por otro. Ambas experiencias se fundían indisolublemente, dando sentido y forma a un todo. El tono tampoco tuvo nada que ver con el de una despedida. Hasta el último momento estuve bromeando con los niños, aunque sí que hubo alguna cara triste (y las lágrimas del pequeño Luis que no dejaba de insistir que no me marchase). Pero sobre todo porque era consciente de que aquello no era un adiós sino un hasta luego, de que sea como sea tengo que regresar.
Desde aquí quiero expresar mi profundo agradecimiento a los fundadores de los dos proyectos, Gil, Chantal y Willy, personas de una entereza, capacidad de entrega y sacrificio admirables, por haberme acogido en sus casas y permitido vivir esta inolvidable experiencia, a Natalia por su constante apoyo a lo largo de esta vivencia, a todas las "señoritas" por su infinita ayuda y clases de baile en el Warpas y en la Mega(!), a la Sra. Rosa, por sus ricos platos, y sobre todo a los niños, con quienes he vivido momentos tan felices y de quienes he aprendido tanto. Tened por seguro que no os olvidaré!

sábado 14 de octubre de 2006

Éste es sin duda el final

Último día en Ayacucho. ¿Es eso realmente posible? Anoche la certeza e irreversibilidad de la marcha me golpearon finalmente la cabeza como un martillazo. Inmerso en la oscuridad de la casa no podía creer que aquella fuese la última noche que pasaba con los niños y aquella la última historia que les contaba. En el momento de despedirme, Luis se abrazaría fuerte a mí y me pediría que no me fuese. Estoy convencido que él va a ser quien más sienta mi marcha. Desde mi regreso ha sido el niño con el que mayor tiempo he pasado. Siempre me busca y quiere que sea yo quien le ayude con todo. De hecho, esta mañana de camino hacia el centro, me he encontrado con él y con otros niños en la plaza. Ha querido saber donde iba y me ha regalado un llavero representando al dios Tumi de la cultura Chimú.

Siento que dejo parte de mi alma en este lugar y tendré que volver por ella. Pero sobre todo tengo que regresar para ver que ha sido de los niños de la casa hogar y de la casa de Willy, ver como han cambiado y que ha sido de sus vidas. A partir de ahora mi vida queda ligada a ellos y presiento que en el futuro habrá muchos momentos en los que imaginaré que estarán haciendo estos chicos al otro lado del mundo. No va a ser fácil olvidarlos. Ni pretendo que ello ocurra.

jueves 12 de octubre de 2006

Cuenta atrás

Ya ha dado comienzo la temible cuenta atrás. Aún no me hago a la idea de que a partir de este sábado ya no estaré más aquí ni con estos niños. Con la cuenta atrás llega obviamente la despedida, tanto de las personas conocidas como de los sitios que he recorrido con mayor frecuencia y que siento más cercanos, aunque lo estoy haciendo sin demasiada convicción, ya que, aunque inminente, aún no creo en la realidad de la marcha. Y supongo que no seré realmente consciente hasta que no esté subido ya en el autobús que me arranque de Ayacucho rumbo a Lima. Me he vuelto a adentrar por el barrio de Santa Ana y luego he atravesado una zona de calles sin asfaltar y casas de adobe por la que no me había adentrado hasta ahora y si cabe aún más desfavorecida que el Carmen Alto y Vista Alegre. Gusta ver que incluso en los estertores de mi estancia en Ayacucho aún queda lugar para el descubrimiento y lo desconocido.
Haciendo balance, me sorprende como antes incluso de llegar a Ayacucho sospeché que una vida posible podía yacer aquí. Ahora dificilmente podría sentirme más satisfecho y pleno al saber que he cumplido el sueño visualizado aquella noche insomne en el autobús dando tumbos por la carretera interior desde Cuzco y no puedo alegrarme lo suficiente de haber insistido tanto en tomar esa carretera en lugar de la que discurre bordeando la costa. Tampoco tengo duda alguna de que tenía que vivir esta experiencia. No es que crea ni mucho menos que estuviera predestinado a hacerlo pero siento que ésta, y no otra, es la experiencia que corresponde a este momento de mi vida, la pieza que encaja perfectamente en mi rompecabezas existencial.

martes 10 de octubre de 2006

Última estancia en Yanama

Aunque sean muchas las noches que haya pasado aquí aún no me habitúo al placer de despertarme en medio de la inmensidad de estas montañas. Contemplar el horizonte desde el patio constituye una de las imágenes que mi mente recreará con frecuencia una vez me haya marchado y que presiento encapsulará el recuerdo de mi experiencia en Yanama.

Me he pasado toda la mañana con los chicos poniendo malla metálica a las jaulas que Willy está fabricando para los conejos y cuyes. El desayuno y almuerzo han transcurrido como es habitual en familia, con todos los chicos sentados a la mesa y Willy presidiendo como un patriarca, con una paloma en el hombro y picoteándole la cara mientras charlabamos de temas varios. Tras el almuerzo, que cocinan los chicos por turnos, he estado viendo fotos del proyecto antes de su construcción y de todo el proceso. Cuesta creer como en un terreno tan escarpado y aparentemente yermo hayan podido levantar todas esta construcción y sembrado cultivos. En la actualidad están esperando una respuesta para obtener la financiación necesaria para construir la segunda fase del proyecto por parte de la Junta de Extremadura, que ya subvencionó la construcción de la primera fase. Por otro lado, están esperando respuesta a una petición de financiación por parte de los jesuitas de Málaga, por lo que a mi regreso me pondré en contacto con ellos. ¡Cualquier ayuda en este sentido será muy bienvenida!

Hemos estado hablando acerca de mi regreso a España y del ritmo de vida allí. Willy se confiesa incapaz de poder vivir en una dinámica similar viniendo de esta realidad y en un momento dado me ha preguntado si creía que la experiencia vivida aquí me ha cambiado. Hasta que no me encuentre de regreso no lo sabré con certeza pero tengo la sospecha de que sí que lo ha hecho.

Tras estar segando nuevamente alfalfa durante horas para los insaciables conejos y cuyes he aprovechado que Willy bajaba al centro para irme con él y así amanecer ya en el Carmen Alto. El trayecto en moto por estos senderos imposibles ha sido emocionante y en más de una ocasión hemos estado a punto de precipitarnos en algún pozo. Los tumbos que dabamos por el polvoriento y agujereado camino no me han impedido contemplar la impresionante vista de Ayacucho iluminado en la noche a medida que descendíamos, sabedor que quizás sea la última vez que lo recorra. He perdido la mirada en el paisaje, en la difuminada colina coronada por la capilla ortodoxa, en el precario puentecito de piedra por el que se ataja camino, en la caudalosa cascada y en la profunidad del camal. Y durante gran parte del camino no he dejado de repetirme: "esta es la vida", como si la vida real yaciese aquí y cualquier otra vida posible no fuese más que accesoria, casi ficticia. No he podido sentirme más libre y me he asegurado a mí mismo que tengo que regresar un día.

miércoles 4 de octubre de 2006

Tareas y cuentos para dormir

Los últimos días se han sucedido de forma casi idéntica. El día amanece despejado, con un sol radiante y finaliza desatando una tormenta que crea riadas y enseguida embarra todo el Carmen Alto. Me he pasado las últimas tardes prácticando lectura y escritura con Mishel y Margary. Tarea que requiere armarse de una gran paciencia y determinación, ya que tras largas semanas (quiero pensar que no son meses, aunque seguramente lo son) ambas siguen confundiendo las letras sin cesar y no consiguen memorizarlas. Olvidan lo que acaban de aprender y llegan a mezclar letras y sonidos que nada tienen que ver entre ellos. A veces confunden incluso letras con números. En momentos así uno se da cuenta de lo largo que es el proceso de aprendizaje de leer y escribir (máxime para un niño con discapacidad) y la dificultad que experimentan estas niñas seguramente sea comparable a la que yo encontraría al aprender los carácteres chinos o el alfabeto cirílico. Aún así los esfuerzos no son vanos y veo como poco a poco van haciendo progresos.

Del mismo modo, he acabado los últimos días sentado en el suelo con la luz apagada en el cuarto de los niños más grandes, contándoles alguna historia, relatándoles viajes por parajes totalmente desconocidos por ellos o hablándoles de mundos reales o ficticios. Por increíble que aún me parezca, con estos relatos consigo captar su atención de una forma que jamás hubiera imaginado, aunque el supuesto objetivo sea que se queden dormidos! Me sorprende también como incluso los detalles más nimios consiguen espolear su imaginación. Nunca me he tenido por un buen cuentacuentos y sigo sin hacerlo, pero parece ser que dejar volar mi imaginación en el silencio de la oscuridad resulta efectivo. Lo que aún ignoro es que me inventaré esta noche para calmar a estas fierecillas...

lunes 2 de octubre de 2006

Testimonios de los Gorriones

Sigo aprendiendo más acerca de las vidas y traumas de los niños por ellos mismos. Ayer, durante una merienda a la que invité, el hiperactivo L. (prefiero seguir manteniendo el anonimato de los niños en estos casos) empezaría a hablarme de buenas a primeras de la casa donde vivía con su madre. Me iba a decir donde estaba cuando de repente, para su enorme sorpresa, se dio cuenta de que lo había olvidado, de la misma forma que ha olvidado cuantos años lleva en la casa hogar. Pero lo que sí sabía con una certeza escalofriante es que su madre nunca va a ir a visitarlo. Por otro lado, esta mañana de camino a su colegio, A. me empezaría a hablar de su compañero de cuarto y cama B. ya que hoy va a visitar a sus padres a la cárcel. Él tiene su propia versión de los hechos que le causaron las quemaduras en los brazos y cuello a su amigo: los padres están allí por haber quemado a su propio hijo con una sartén (la realidad es si cabe aún más cruel: todo apunta a que se trató de un ajuste de cuentas en la cárcel que acabaría con el niño dentro de una caldera con agua hirviendo). De forma similar, F. no dudaría en meterse con su inseparable compañero E. haciendo alusión delante suya a la cicatriz en forma de arco que luce en su mejilla izquierda y describiendo entre risas como un perro le atacó y lo dejó sin sentido (episodio que E. jamás menciona). La casa está así llena de tremendas historias, a veces casi leyendas, sobre incestos, envenamientos, violaciones y otros episodios escalofriantes. Algunas veces uno duda (o desea dudar) que sean reales. Pero lo que más me sorprende de todo es como siendo tan pequeños, muchos de estos niños están familiarizados y conviven, con mayor o menor conocimiento, con el fruto de una serie de tragedias brutales y una crueldad que niños de esta edad no deberían conocer, y mucho menos haber vivido nunca.